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A veces calla la pluma por un tiempo. Mejor dicho, no calló, sino que anduvo regando ríos de tinta por otras latitudes. Y ahora, cansada de escribir cosas “serias” como monografías, apuntes y reseñas, le he dado una pausa a mi cerebro escribiente y me dediqué un poco a la imaginación de la costura: es decir a forrar cosas frágiles con tela, para que no se rompan. Me fascina idear soluciones “de entre casa” para objetos que normalmente se compran, y lo encuentro todo un reto al consumismo y al establishment.

Para no olvidar, te dejo aquí un forro para una tablet que acabo de regalar.

 

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