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Despertó sobresaltado. Por suerte estaba tendido en el suelo cálido, con el sol del gran ventanal enverjado sobre su piel cobriza, jugando a dibujar rayas en sus espaldas. Cerró los ojos y otra vez el gusto a sangre. Los abrió al irresistible confort del salón… De pronto, percibió el olor enemigo acercándose con pasos fuertes. El terror lo adhería al suelo. Las botas le treparon por la espalda, pisotearon su nuca, disputándole el sol y su comodidad. Y se sintió alfombra, ultrajado, vencido.

libro

Cuento recogido en la antología de microrelatos de la fotografía.

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