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Yo quiero, dijo el primero, que campee en su cara una sonrisa de oreja a oreja: la necesitará más que nada en la vida. Y el artista, muy complacido con la propuesta, trazó la línea amplia, ancha, de un lado al otro del espacio disponible. Resultó serena, cálida. Todos miraron con satisfacción. Y yo pienso, se animó un segundo que tenía cara de soñador, que hay que hacer algo para ocultar la energía, el alud arrollador de sus ojos… Todos asintieron otra vez. Se quedó un ratito pensativo y por fin saltó otra vez: párpados mansos velarán las profundidades del mar que vió su madre al venir del otro lado del mundo, desde ese país con tanto garbo en la sangre. Y las estrellas de todos los océanos serán las guías para tantos viajeros perdidos. Las miríadas de angelitos aplaudieron la ocurrencia del soñador. Sonrió el artista y cumplió también ese deseo. Y los párpados velaron las chispas briosas de las estrellas y amansaron los ojos claros. Y todos vieron qué bueno era todo eso. Yo quiero, dijo un angelito candoroso, que el carmín bese sus mejillas blancas cuando algo lo perturbe: la delicadeza será un atributo suyo. Y la humildad… Las peticiones se amontonaban porque iba a nacer, a su tiempo, un niño con una estrella en la frente. Y eso, lo saben todos los que entienden en el cielo, hay que prepararlo con dones y precauciones, aunque sea antes de la concepción del mundo. Y el artista hacía y satisfacía, con mano ducha y pulso seguro.

¡Será deportista! Se alzó una voz entre todas. Porque eso sí que lo necesitará: es ancho y largo, blanco como campo cuajado, el camino que le tocará recorrer. Toda una gama de deportes fue sugerida por los alados colaboradores. Algunas fueron aceptadas, otras dejadas de lado:  tenis, equitación, natación, pesca submarina… la propuesta de torero no tuvo mucha aceptación y se armó un revuelo, pero el artista, deseoso de complacer a todos, cortó la discusión por lo sano: el garbo de torero sí lo tendrá.

Tendrá orejas grandes porque debe ser un gran escuchador, eso será lo más significactivo de su personalidad. Y otra vez se armó el lío: todos coincidían en cuanto a las orejas, pero sobre la característica que lo definiera, no se ponían de acuerdo. Tendrá un gran corazón, su paciencia será infinita… La voz que llena todos lo vacíos se dejó oír en los cielos: será, sobre todo, fiel. Y así fue la fidelidad su rasgo más característico.

Faltaba el nombre que insuflara vida a todos los planes celestiales. El artista se tomó su tiempo, compuesto de eternidades. Parecía que no había apuro, porque los proyectos de su corazón son inescrutables y su bondad se extiende de generación en generación.  Aún no lo intuían sus padres cuando por fin, en un día de julio del año 1913 dijo el nombre. Entonces, dos células se abrazaron y se dispararon en carrera prefijada. Y Alvaro comenzó a recorrer el camino blanco y fecundo de su vida.

Alvaro

 

El 27 de septiembre será beatificado en Madrid Alvaro del Portillo, un santo muy simpático al que quiero mucho. https://www.alvaro14.org/

 

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