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Leyendo un hermoso libro de recuerdos de la hija del famoso editor alemán Fischer y de su editorial, me encontré con la descripción de un colaborador de su padre, Moritz Heimann, escritor y editor. Como trata del tema de mi post anterior, saber escuchar, y la autora lo describe de manera encantadora, les copio el texto y mi pobre traducción del mismo.

“Su mente era clara y para nada sentimental. En él se recogía la sabiduría milenaria del pensamiento judío sobre el hombre. Era sufriente, pero no sólo desde el aspecto físico, sino que yo percibía su sufrimiento por la insensibilidad del mundo. Por eso estaba tan abierto a las necesidades de sus prójimos, que eran los artistas, poetas y escritores que venían a verlo. Les decía la palabra adecuada y sabía cómo sacarlos de la desesperación y ayudarlos a salir adelante. Era un gran escuchador, tenía unas orejas de dimensiones extraordinarias. Con ellas escuchaba con entrega, abarcaba por entero a su interlocutor y lo animaba a abrirse completamente. Tenías la impresión de que en ese momento no había nadie más importante en el mundo que tú mismo”.

Sein denken war klar und unsentimental. In ihm hatte sich jahrtausendealtes, jüdisches Wissen um den Menschen angesammelt. Er war ein Leidender, nicht nur physisch, sondern ich fühlte wie er die Welt und ihre Umbarmherzigkeit erlitt. Darum war er so offen für die Nöte seiner Mitmenschen, Künstler, Dichtern und Schriftstellern, die zu ihm kamen, das richtige Wort zu sagen, um sie von ihren Zweifeln zu befreien und ihnen weiterzuhelfen. Er war ein großer Zuhörer, seine Ohren waren von ungewöhnlicher Dimension. Mit ihnen hörte er mit einer Hingebendheit zu, sie sein Gegenüber umschloss und zugleich ermutigte, sich ihm ganz zu eröffnen. Man hatte dabei den Eindruck, dass es für Ihn im Augenblick niemand anderen auf der Welt gab als man selbst. 

fischer

Fischer, Brigitte B. (1994): Sie schrieben mir. München: dtv, p. 27

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