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Macedonio Fernández (1874-1952), escritor argentino, dejó una obra singularísima, adelantándose a todo fenómeno contemporáneo.

Fue un precursor de las vanguardias que le seguirían a partir de los años veinte, y más aún, de la novela contemporánea que surgiría diez años después de su muerte con Julio Cortázar.

Sus dos novelas están de alguna manera coordinadas entre sí porque la primera, Museo de la novela de la Eterna (1967), es su “primera novela buena” y la otra, Adriana Buenosaires (1974) su “última novela mala”.

Escribe en forma de fragmentos, recortes, imágenes instantáneas de un mundo que le parece absurdo e inconexo.

No todo es vigilia la de los ojos abiertos (1967) plantea, sin ningún orden, su metafísica y su estética. Papeles de recién venido (1929) y la mayor parte de su obra, constituye una recopilación desordenada de todo lo que le interesaba filosóficamente.

El autor defiende incansablemente una visión radicalmente idealista del universo, en el que no hay cosas ni seres, sino impresiones. Las imágenes que nos presenta tienen un sentido liberado de las leyes de la causalidad que rigen el mundo fenoménico. El tiempo y el espacio no existen sino que viajamos a la deriva, acosados por la sensación de la nada. Su obra no es fantástica en el sentido teórico, pero sí en algo fundamental, y es que está muy lejos de la realidad.

Te presento una prueba este nihilismo en Papeles de recién venido, donde se detiene exhaustivamente en la esencia de los agujeros:

Agrandaba los agujeros del mantel que circulaban cerca de su mano para investigar hasta qué dimensión podían abrirse los ojos de la dueña de casa ante ese espectáculo exasperante y luego la mortificaba diciendo que: agujeros mejores y de color más sufrido que éstos se vendía en cualquier negocio, donde había, además, jabones para lavar de agujeros los paños, y cepillos para echarlos fuera del mantel junto con las migas.

Pero además de estas divagaciones sobre la nada, encontré una aseveración suya sobre el olvido, que –también- puede leerse en clave positiva:

De todo el mundo lo verdaderamente trágico es el Olvido, y de éste, lo más desesperante es que no se lo advierte; el gradual, insidioso advenimiento de la conformidad.

Macedonio Fernández, Adriana Buenosaires

Se ve que Macedonio era un inconformista y un buscador. Algo de eso podrás intuir en la foto que te incluyo: muy desaliñado él y muy ausente su mirada. Pero buscador al fin y denunciador de todo lo postizo, y por eso también admirable.

MacedonioFernandez

Cfr. Oviedo, José Miguel (2001): Historia de la literatura hispanoamericana III. Postmodernismo, vanguardia, regionalismo. Madrid: Alianza Editorial.

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