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Los compiladores de esta antología creíamos entonces que la novela (…) en nuestra época, adolecía de una grave debilidad en la trama, porque los autores habían olvidado lo que podríamos llamar el propósito primordial de la profesión: contar cuentos. De este olvido surgían monstruos, novelas cuyo plan secreto consistía en un prolijo registro de tipos, leyendas, objetos representativos de cualquier folklore, o simplemente en el saqueo del diccionario de sinónimos, cuando no del “rebusco” de voces castizas (…)

Así decía Bioy Casares, en el Prólogo a la edición de 1977 de Antología de la Literatura Fantástica (Barcelona: Sudamericana).

¡Qué acertada la crítica! Apliquémonosla a través de los siglos. Y no lo olvidemos, precisamente hoy, in hoc saeculo. Hagamos que la literatura sea un diálogo de lector y escritor, destinado a que ambos difruten.

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