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Gustavo Cerati, el autor de Zona de promesas, murió el 4.11.2014*, sin haberse recuperado del coma. Con más frecuencia después de su muerte, la gente visita mi blog para saber de qué trata esta canción. Las preguntas que se repiten son: ¿cuál es la zona de promesas? y ¿cuál es la recompensa? Por fin, me he decidido a actualizar esta entrada y recoger todo lo que sé e intuyo sobre la letra, que no es mucho, porque el autor falleció casi sin haber desvelado el misterio del significado, lo que la hace aún más sugerente.

El grupo argentino de rock Soda Stereo publicó el album con el mismo nombre en 1993. De alto lirismo, esta composición tan enigmática habla de esperanza, de meterse de lleno en la vida y probar de hacer cosas grandes… Y si se fracasa, siempre están los brazos maternales para recogernos. Tarda en llegar, sí: hay que esforzarse, hay que bucear en silencio, hay que sumergirse otra vez… hay que seguir adelante aunque a veces todo parezca quemado, sabiendo que la zona de promesas existe y que al final… sí, al final, hay recompensa.

El argumento explica la paradoja que se esconde en cualquier empeño que sale mal: el fracaso permite ser dueño de sí mismo, aunque se experimente la soledad, porque cualquier revés nos pone ante una apelación personal en la que nadie puede reemplazarnos. Pero también esa situación despierta la necesidad de salir adelante y contar con el tiempo, que cicatriza todas las heridas: hay que esperar hasta que el río deje de sangrar y calme.

No deja de ser muy sugerente el hecho de que Cerati llame a su madre “pequeña princesa”, asociándola al personaje del famoso libro de Saint Exupéry y sumándole toda una carga semántica poderosísima: así, la alabanza a su madre está dada por compararla con ese ser puro que lleva al piloto perdido en el desierto a reflexionar sobre su vida, sobre el amor, sobre lo único importante y sobre la trascendencia. Ella es ese intermediario que le consigue despertar a una vida nueva. En nuestro caminar terreno siempre existe un ser que nos ayuda a salir adelante, a pesar de esa soledad existencial en los momentos de prueba. Lo importante es no quedarse solo: en este caso, Cerati da a su madre ese papel de guía. Volver, después de una batalla perdida, sólo a besarla: ésa también es una recompensa.

Creo que Gustavo Cerati era una de esas personas que “captaban” lo profundo de la vida y su misterio trascendente, y como lo suelen hacer los poetas, lo sabía transmitir en un lenguaje que dice más con los silencios que con las palabras. El tema de su canción es el tema de la vida para un ser que sabe que hay un más allá que da dimensión a todo lo que hacemos en el “más acá”. Por eso desea vivir su vida a full, arriesgándose a bucear, a pelear batallas, a no temer al río traicionero que sangra y calma. Tiene la seguridad de que si pierde esas guerras, allí estarán los brazos maternales para rearmarlo y consolarlo. La recompensa la obtendrá al final, después de haber luchado todas esas batallas. Yo le deseo hoy de todo corazón que, después de esa contienda que comenzó en el 2010 y que duró tantos años, haya alcanzado la redención en su “zona de promesas” que tanto anhelaba.

Se rumorea por la red que Zona de promesas cuenta la historia de un ex-combatiente de Malvinas, que vuelve a casa después de haber perdido una batalla, para ser su dueño otra vez (no estar más bajo régimen), dejando atrás todo lo que quemaba y un río de sangre. Puede ser que la cercanía temporal de la guerra de las Malvinas, ocurrida diez años antes, estuviera en el imaginario del autor al escoger sus metáforas para la canción, como estaba, y aún está, en el imaginario colectivo de todos los argentinos. Es cierto que las obras de arte trascienden a los artistas, se desprenden de su autoría y ganan significados válidos a lo largo del tiempo. Sin embargo, Cerati nunca habló de ese contexto bélico, sino más bien del que expliqué anteriormente: los reveses y las batallas de la vida y la necesidad de hallar refugio y cariño en un ser maternal. Sobre este significado sí existe un testimonio, muy breve, donde el autor habla de su madre. Allí dice “Es una canción muy sentida; una canción que salió disparada. Escrita y compuesta muy rápidamente, y probablemente con mucha carga de emoción. Es la única canción en la que cito a mi madre”*.

Otras personas aplican las imágenes de la canción exclusivamente a una relación amorosa que termina y por la que el yo narrativo sufre. Así, el corazón sería dueño de sí mismo otra vez, aunque intente consolarse con otros amores que aún no le convencen “no está mal sumergirme otra vez”. Está claro que también se le puede dar a Zona de Promesas este significado. Pero, otra vez, es Cerati el que apuntó, dentro de su casi absoluto mutismo acerca de esta canción, a la metáfora más general de los sufrimientos de la vida en general: quizás la soledad, el sentirse lejos de su familia, los fracasos.

La versión que más me gusta es la del autor con Mercedes Sosa, en una de las últimas grabaciones que ella hizo antes de morir (Cantora 1 y Cantora 2). Con su preciosísima voz un poco más débil de la que nos es familiar, se nota que la letra le llega al alma y que también ella ansía esa “Zona de promesas”. Cuentan que le emocionó mucho prestar su voz para esta canción y que por eso le costó dormirse esa noche. Gustavo Cerati sufrió un derrame cerebral poco tiempo después de esta actuación conjunta, en junio de 2010.

Mamá sabe bien, perdí una batalla.
Quiero regresar sólo a besarla.

No está mal ser mi dueño otra vez,
ni temer que el río sangre y calme
al contarle mis plegarias.

Tarda en llegar, y al final,
al final, hay recompensa.

Mamá sabe bien, pequeña princesa.
Cuando regresé, todo quemaba.
No está mal sumergirme otra vez,
ni temer que el río sangre y calme.
Sé bucear en silencio.

Tarda en llegar, y al final, hay recompensa…

Tarda en llegar, y al final…
al final, hay recompensa.

En la zona de promesas.

* Escribí la primera versión de este post el 29.11.2013, cuando gustavo Cerati aún no había muerto. Allí recogía las palabras de su madre, quien se aferraba con fuerza a la zona de promesas que es la esperanza: “Dios es el que tiene que decidir sobre la vida y la muerte de las personas. Él va decidir al final qué es lo que va pasar con mi hijo”. Me gusta repetirlas aquí porque los hijos debemos a nuestros padres la herencia de lo que somos y con esta frase da razón de su vida y de la de su hijo, y explica de algún modo, la canción.

** http://www.youtube.com/watch?v=gScPk4H5dl0&spfreload=1

Si te interesa, podés ver algo más sobre Zona de promesas en mi blog:

https://inescasillo.wordpress.com/2015/03/17/in-memoriam-gustavo-cerati/

 

 

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