Etiquetas

, ,

Borges, el maestro, también estaba obsesionado por la memoria. Este relato es uno de los que más me gustan.

Funes es un tipo raro que vive recluído porque tiene algo muy importante que hacer: acordarse de todo.

Y como tiene la virtud –o la desgracia- de no olvidar nada, vive encerrado en sus recuerdos. Literalmente.

Con una ironía maravillosa, Borges ejemplifica: Funes recuerda el crecimiento de los dientes, o peor aún, su decadencia: cómo exactamente fue naciendo y corrompiendo una carie la dentadura.

Y como recuerda todo y no se olvida de nada, puede reproducir, segundo a segundo un día determinado.

Eso sí, para eso necesita un día entero. Otro día. Cabría preguntarse si puede acordarse del día en que se pasó recordando el otro día.

Vos y yo sabemos que el olvido es saludable, que otorga mucho espacio libre en los gigabytes de la memoria. También lo sabía Borges, el memorioso por excelencia.

Hay que buscarse por eso alguna herramienta, una ayuda para deshacerse de lo superfluo y quedarse con lo sustancial.

Y más difícil aún: erradicar los documentos más pesados y crear archivos con el zip de lo que vale la pena.

Borges: Ficciones, 1944

Anuncios