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Hace un tiempo asistí a una charla informal de Elisabeth Lukas, sobre la logoterapia.

Victor Frankl es el fundador de esta escuela, una alternativa positiva para el psicoanálisis. En su libro, que siento decir aún no leí, El hombre en busca de sentido, cuenta que estuvo en un campo de concentración, en la feroz Alemania Nazi. Al salir, después de mucho sufrimiento y muchas muertes compartidas, se encontró ante la opción de vivir amargado, y dejar por eso que triunfara Hitler a pesar de todo, o de rehacer su vida, precisamente, buscando un sentido a toda esa cruel vivencia.

Lukas resumió, que no podés olvidarte de tu pasado amargo, encontrar un sentido a tu vida, si no estás en paz con tu historia. Si no te despedís en paz, no te despedís. Esa levadura mala sigue trabajando y pervirtiendo toda la masa.

Lo explicó con un ejemplo. Una paciente le contó su triste historia y Lukas le pidió que la pusiera por escrito. Era más o menos así: espástica, su madre la abandonó de pequeña. Con mucho esfuerzo y casi ninguna ayuda, logró hacer una carrera universitaria. Se enamoró de un tipo y se casaron, pero después de unos años, éste la abandonó. Sólo quería su dinero. Después de la terapia, Lukas le volvió a pedir que escribiera su historia. La nueva versión decía que había nacido espástica, pero dotada de un ánimo luchador: aunque su madre la dejó, pudo estudiar y tener una profesión y una posición distendida. Conoció el amor, y aunque él no le correspondió, haber amado fue una experiencia única en su vida. En busca del sentido de su vida, comenzó a mirar a su alrededor y descubrió que todo ese sufrimiento le otorgaba una especial comprensión de los demás, que también sufrían. Así, fundó una asociación de ayuda a gente espástica.

Y pudo olvidarse sin esfuerzo de su pasado.

Frankl, Víctor: El hombre en busca de sentido. Herder. Barcelona: 1991

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